Nº13: Solicitud de Enemistad

"No, no lo conozco demasiado. Somos amigos de Facebook, nada más" Esta frase se utiliza a día de hoy con normalidad. Hace diez años, era impensable.

 

 

El otro día volví a ver un par de capítulos de Black Mirror. Black Mirror es una serie británica que cuenta tan solo con seis episodios, seis historias diferentes que nos proponen un hecho que podría suceder ahora o en el futuro, y para el que honestamente no estamos preparados. La tecnología nos va superando y dominando como lo hacía la peste hace media docena de siglos, y lo peor es que es más contagiosa y no hace que nos duela nada físicamente.

 

No hemos llegado al punto de tener una grabadora en la cabeza para recordar todo lo que hemos visto en nuestra vida al estilo youtube, o al punto de perder a una persona y poderla reemplazar con una copia prácticamente exacta, pero todo puede llegar y, visto lo visto, más pronto que tarde.

 

Hoy, a finales de septiembre, estamos en la generación de las redes sociales. Prácticamente todos tenemos Facebook, casi todos tenemos Twitter, y siguiendo podemos hablar de Instagram u otras, no alcanzo para mucho más. Lo que parecía ser el futuro en nuestras manos, y con ello un mundo nuevo de posibilidades, está derivando en algo completamente irracional, violento y despiadado. A mí me da mucho miedo.

 

Me da miedo porque una conversación compuesta de palabras, voces, gestos y miradas se ha convertido en un texto escrito al que le falta sal, pimienta y guarnición, pero nos sirve. No comemos, simplemente nos alimentamos. Nos alimentamos de todo lo que nos rodea, de lo que vemos escrito, publicado, twiteado, fotografiado.

 

La sobrecarga de información traspasa fronteras, se supera el límite humano y hoy todos somos portada de nuestra revista del corazón particular. Hoy todos somos famosos a nuestra manera, y lo peor es que si no sentimos que somos lo suficientemente famosos, luchamos para serlo, las armas están en nuestras manos.

 

Vamos a hablar de X. X tiene cuatrocientos amigos en Facebook, es partidario de aquella frase que dice "Los amigos de verdad puedo contarlos con la palma de mi mano" pero virtualmente se contradice, porque tiene cuatro cientos. Y de esos cuatro cientos la mayoría están ahí por vínculos temporales, lo conocí en un viaje, era compañera de universidad, era un amigo de un amigo con el que fuimos de fiesta, etc. Podríamos analizar a cada uno de ellos y saber porqué están ahí, incluso habría algunos que ni lo recordaríamos. Sea como fuere, si habláramos echando veinte años la vista atrás, simplemente formarían parte de nuestros recuerdos, en la mayoría de casos bonitos, de aquellos que aleatoriamente te vienen a la cabeza en un momento dado y te hacen sonreír. "Tenía un compañero de clase que nos hacía reír a todos. No sé que habrá sido de él".

Un día nos lo encontraríamos por la calle, diez años después, y nos detendríamos, nos saludaríamos con efusividad, "¡¿Cómo estás?!¡¿Cómo te va?!", recordaríamos viejas batallitas de antaño, nos reiríamos, y nos marcharíamos con una sonrisa dibujada en la cara que no podríamos borrar hasta que nuestra mente lo almacene, actualizando la información. Pero hoy, lamentablemente no es así.

 

Hoy ese viejo recuerdo es uno de nuestros amigos de red social, vemos lo que dice, entendemos como piensa, conocemos su estilo, tipología de persona. Tenemos toda la información al alcance de un click, y entonces sucede todo lo que no debería suceder, nos genera una modificación en el recuerdo, nos hace ser imparciales. Termina cayéndonos peor o mejor, según lo que se digne a publicar públicamente, y modifica nuestro sentir. Puede que sea un obseso de las fotos en el espejo, puede que cuelgue frases filosóficas que ni siquiera simpatiza, puede que sea de aquellos que felicitan a un hermano por red social, es igual, hay miles de ejemplos, tantos como posibilidades reales con lo que actualizar un estado, pero al fin y al cabo nos genera un pensamiento actualizado.

 

Nos lo encontramos por la calle y ya no resulta todo transparente, sé que a pesar de que si no supiera nada de él, me haría mucha ilusión darle la mano, un abrazo, preguntarle cómo le va, pero veo diariamente lo que dice, cómo piensa, con qué simpatiza, qué crítica. Y ese momento se vuelve incómodo.

 

Normalmente si alguien nos cae bien y ya está, en un principio nos seguirá cayendo bien. Normalmente si alguien no nos cae demasiado bien, cada vez nos caerá peor. Y lo peor de todo esto es que si nuestro amigo, ese amigo de verdad, o que ha sido de verdad, o que nos ha preocupado o hecho feliz en algún momento es también nuestro amigo de red social, todo cambiará. Del amor al odio hay un paso y si hablamos de redes sociales hay simplemente un muro que actualizar. He visto como relaciones de cariño se van al traste por el combate furtivo hacia la popularidad, he visto como parejas que se querían se han odiado más de lo que deberían por saber demasiado del otro, he visto como perder una gran amistad se va al carajo por una frase sin emoticonos. Y lo peor de todo, es que a pesar de ello todos seguimos enchufados.

 

Si los seres humanos racionales no somos capaces de controlar las limitaciones que se ocultan bajo una hilera de bits, estos bits nos dominaran, nos controlaran, se apoderaran de nosotros y harán de nosotros una persona que jamás quisimos ser.

 

El título de este artículo es la solicitud de enemistad porque no existe, y quizás debería. Porque el hecho de que nos fuercen a que todo sea bonito lo hace todavía más negro. La superficialidad de nuestros actos nos hacen más egocéntricos, más estúpidos, menos persona. Reviso este texto y la única palabra subrayada en rojo es "Twitear". Quizás el motivo va más allá que una simple incorreción de word. De vez en cuando no está mal mirarse el ombligo.

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  • Abdullah (sábado, 07. diciembre 2013 05:14)

    That kind of thkiinng shows you're an expert

  • Janese (jueves, 14. abril 2016 01:38)

    You're a real deep thkienr. Thanks for sharing.

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