Ciudad de Dios ****

Esta película brasileña nos cuenta la historia de evolución de la droga y crimen en las favelas cercanas a Río de Janeiro.

Empezamos en los años 60 cuando Buscapé, era un honesto joven de unos 10-12 años y trataba de hacer vida como un niño normal, mientras su hermano y alguno de sus amigos se empezaban a dedicar al robo a mano armada a cualquier precio.

 

Avanzando con la película, vemos como uno de esos chavales, a finales de los 70 se convierte en Zé pequeño, un tipo con un único objetivo, forrarse a costa del tráfico de drogas y mantener la jerarquía de Ciudad de Dios. Mientras tanto, Buscapé, se irá dando cuenta de que a veces ser honesto no sirve para mucho.

 

Es una película muy bien contada, ordenada y narrada, que nos cuenta paso a paso la evolución en el Brasil más callejero, y hasta donde puede llegar la sociedad. Haciendo balance de lo que nos explica, vemos una situación realmente sorprendente, en la que niños de muy corta edad se ven obligados a robar y matar, y lo que es peor, que sus ídolos (o mentores) son los que mueven el tinglado, cosa que hace que en Ciudad de Dios, nadie pueda vivir tranquilo.

 

Destacaría por encima de todo la realización, un montaje genial que nos lleva a comprender como se pueden sentir los personajes, entender el porqué de las cosas. La banda sonora es muy buena y nos pone muy en situación en los momentos importantes. La fotografía es algo especial, es buena, pero se ve como de segunda mano, o por lo menos me ha dado esa sensación.

 

Si os soy sincero, tenía expectativas muy altas sobre esta cinta, que realmente nos ofrece momentos de sufrimiento y dureza visual. Pero no se, no me ha terminado de llegar, quizás por falta de intriga en ciertos momentos, porque hay cosas que suenan un poco surrealistas. Como que Ze pequeño se proponga terminar con todas las mafias, como si de algo fácil se tratara, y la trama pasa por encima de ello, haciendo sencilla la hazaña.

 

En definitiva, me ha parecido genial para conocer un mundo desconocido para mí, y hasta donde, una vez más, puede llegar el ser humano.

 

Ciudad de Dios, un 8.

 

Lo mejor: Ver de cerca una historia tan dura.

 

Lo peor: No me ha llegado a tocar la patata tanto como pensaba.