Citizenfour *****

Necesario, indispensable. Un documental que habla por sí solo.

Cuando sé de Citizenfour tengo la engañosa sensación de que no todo está perdido, de que, a pesar del infestante número de películas de final feliz que tanto se esfuerzan en que nos traguemos entre los panecillos de una hamburguesa de dudosa procedencia, todavía tenemos la opción de ver el mundo con el enfoque adecuado. Todavía. El todavía es importante, quizás lo único que nos queda.

 

Edward Snowden es el hombre que tiene las agallas de llevar a cabo el acto de amor que otros miles de millares no harían por un buen fajo de billetes. Un acto lógico, un acto coherente, un acto de estima hacia lo que uno es y lo que uno representa, pero que bañado de capas y capas de manipulación de masas que se siguen empeñando en pensar en la suerte de uno antes de barajar las infinitas contingencias que pueden alterar una vida, parece que este tipo haya hecho un salto de fe directo al vacío. Culpa de nadie y culpa de todos por bandera.

 

Nos miran, nos vigilan, nos controlan. Lo saben todo de nosotros y dirigen nuestra vida para que, sin que nos demos cuenta, terminemos siendo carne obrera al servicio del poder. No hay bien, no hay mal. Eso no existe. No hay mejor o peor persona, no hay más, no hay menos. Objetivamente cada uno de nosotros ocupa una masa en la tierra y tiene la suerte o la desgracia de nacer de cara o de culo, pero la madre es la misma. El milagro nos persigue en todo momento a pesar de nuestros remolinos mentales.

 

Uno puede pensar que a él no le afecta, o no le importa, y será tan cierto como vivir en el dulce engaño del que ve pasar el tiempo sin pena ni gloria creyendo que no morirá, ni claudicará, ni envejecerá... que la sonrisa de la foto será eterna e iluminará las mañanas del mundo venidero.

 

Y ahí es nada. El saber se paga cada vez más caro y cuesta encontrar un documental de estas características. No importa el qué creer si no la propuesta reflexiva, autocrítica y moralista que propone, el mirarse el ombligo para preguntarse cuál es el fin de cada cosa que hacemos y hacia dónde dirigimos nuestras energías. Que el ser es algo más que un verbo y a su vez la llave de todas las cosas. Que la filosofía del que vive poniéndose a la orden del día es la nana del que duerme profundamente.

 

Alguno auguró micro chips y sólo hay que mirar en la pantalla que se extiende en una de nuestras manos para ver lo invisible. Anunciarán oro al oeste para anunciarlo mañana al este y los borregos seguirán dando vueltas como dioses que no han sabido ser humanos. Pensamos como si el tener importara. Actuamos como si el dinero mandara. Vivimos como si la película fuera nuestra. ¿Y qué serían de nuestros logros si nos perdiéramos en la soledad, en el olvido, en el fin de la vida? ¿Para qué sirve un diamante si lo que tengo es hambre? ¿Para qué sirve una marca si lo que tengo es sueño? ¿Para qué sirve un trabajo si no sé de qué sirve vivir un día más?

 

Pensemos. Piensen.

 

No hay notas hoy para el cine, sólo para las intenciones. 

 


Libro de visitas

Todavía no hay comentarios.
Por favor introduzca el código
* Campos obligatorios