Birdman, Whiplash y más...

volvemos con Novedades cinematográficas que nos han parecido dignas de compartir.

Whiplash (Estados Unidos, 2014) *****

 

Joven baterista de Jazz pretende alcanzar la cima de la música. Sobre el papel, una historia que nos suena, que rápidamente nos puede parecer sobrante o repetitiva incluso aún gustándonos el Jazz. Nos acordamos de El Cisne Negro, Billy Elliot o El Pianista, grandes películas todas ellas, y el mero olisqueo de volver a ver más de lo mismo teñido de otro color puede generar cierta pereza en nuestras ansias de frescura cinematográfica. Pero no sabiendo realmente por qué motivo, hacía meses que la esperábamos con ganas.

Whiplash es una de aquellas que consigue hacerse con nosotros desde el minuto 1, y una de aquellas pocas que logra dejarnos tiesos en el minuto 99. Vibrante, esencial, hipnótica... música y genialidad en estado puro abrazando a la indiscutiblemente mejor película del año. El largometraje juega a ser obra maestra durante todo su metraje rebasando fronteras a la velocidad implacable de un montaje interestelar. Es una genial película de música sin caer en clichés, transmite un mensaje certero y punzante con una sutileza y originalidad infranqueable, y logra que veamos uno de los mejores combates interpretativos que se recuerdan de la mano de dos actores que navegan en la cresta del tsunami con una sobriedad apabullante —en el caso de Simmons, a los diez minutos de visionado me deja clarísimo para quien va a ser el Oscar a mejor actor de reparto—. Además, tiene momentos de absoluta comedia, y giros de guión que nos van a dejar anclados al asiento perdiendo por completo la noción temporal.

Nos faltan adjetivos para describir lo que nos ha conquistado el largometraje, así que qué mejor que dejarlo en una ferviente recomendación para todos los amantes del buen cine. Y de la buena música. 

 

Disconnect (Estados Unidos, 2012) ****

 

El paso del tiempo nos va dejando tantas y tantas películas que en muchas ocasiones tenemos que ir seleccionando a unas en detrimento de otras que podrían ser igualmente interesantes. Esas películas olvidadas van apareciendo una y otra vez como si llamaran a nuestra puerta con insistencia, anhelando la oportunidad prometida. Probablemente al lector le habrá pasado esto muchas veces, pero también le habrá pasado todo lo contrario: que una película aparezca ante nuestros ojos portando consigo un interés inaudito, y que no tengamos ni la más remota idea ni de quién es, ni de cuando, ni de cómo demonios jamás habíamos sabido nada de ella. Esto último es lo que nos ha sucedido con Disconnect, una película que parece haber sido olvidada en España y que, cuanto menos, hubiera podido servir para concienciar a más de uno. Con aires de documental, y con un guión de hierro, nos encontramos con tres historias hilvanadas a la perfección que nos magnetizan prácticamente al instante al basar su relato en situaciones que podemos etiquetar como cuotidianas a día de hoy, y  que proponen una encarnizada reflexión sobre la evolución de la tecnología y el cambio que está ejerciendo en nuestra sociedad. Un elenco de grandes interpretaciones harán las delicias del espectador crítico con un sistema que no deja de sorprendernos. 

 

Birdman (Estados Unidos, 2014) ****

 

Así como aguardábamos a la llegada de Whiplash desde hacía tiempo, otra película copaba a su vez nuestros anhelos más profundos. Y esa no era otra que la más reciente ópera prima de uno de los grandes como es Iñárritu. Largometrajes como Amores Perros, 21 gramos o Babel lo avalan como uno de los mejores a la hora de manejar el equilibrio entre narración y fotografía, bañándolo todo con la más adecuada musicalidad—todavía no hemos olvidado ese tú me acostumbraste de Chavela Vargas en pleno huracán Santaolalla—.

Birdman se perpetra en nuestras mentes como la sublevación absoluta de la aleación sinfónica que propone el género copado por el director mexicano. Es la evolución máxima, la concatenación impoluta de historias que se abalanzan una tras otra sin dejar un instante para el poso o el respiro de un espectador que sufre con semejante despliegue de fuegos artificiales, ya que en plena efervescencia visual a uno no le da tiempo de anclar la embarcación.

Y es que tiene cierta gracia encontrarse con esto cuando el interés nace de una idea a la vista tan ridícula como divertida que es la emancipación de Michael Keaton, mítico primer Batman en la gran pantalla, de un encasillamiento que quizás le ha llevado—eso no lo sabemos—a sentirse tan infravalorado como el propio personaje que encarna en la descabellada Birdman. Una interpretación que trata de bordarse a él mismo converge en el núcleo de una pieza de cine que requiere de un análisis tan amplio como la obsesión que ha absorbido al mismo cineasta durante las casi dos horas de metraje sin concesiones. Todo resulta abrumador, todo resulta fresco, nuevo, moderno y único en este torbellino que juega a ser una dramática comedia psicológica negrísima con una batería que se ha escapado del zoológico por el camino. No me puedo olvidar de la interpretación de Edward Norton, tan cómica como desquiciante.  

 

 

La Isla Mínima (España, 2014) ****

 

Todo el mundo habla de lo mismo. Y sí, no podemos negar que el paralelismo entre True Detective —serie que ha arrasado en medio planeta—y esta Isla Mínima de Alberto Rodríguez es más que curioso. De hecho, por momentos, podrían intercambiarse algún que otro plano. Si bien en nuestra opinión, a la comparativa sale perdiendo la producción española, no podemos obviar la que probablemente ha sido una de las mejores películas del año en nuestro país.

Dos detectives protagonizados por dos actores que nos encantan, y secundados por un tercero que todavía nos gusta más como Alberto de la Torre, aunque en esta ocasión tenga un papel más que discreto, son el primer motivo para darle una oportunidad a un largometraje ambientado en el momento y en el lugar perfectos para dotar a la cinta de un tono sepia tan místico como exquisito. La película respondería a la perfección a lo que esperamos de una buena dosis de género policíaco, con un toque barroco en simbiosis con las expectativas de una época tan turbia en cuanto a valores humanos como aquella Andalucía profunda post franquista.

A nivel técnico la película es sublime, con planos tan hermosos como imposibles—hay un travelling en plena persecución que es digno de mención—, y un pulso narrativo constante que nos mantiene tensos durante todo el visionado. Lo único que lamentamos—y decimos lamentar porque nos da la sensación de que ahí la película se queda a las puertas de ser magnífica— es que la profundidad de los personajes no logre transmitir lo que la historia sí pretende, y no lleguemos empatizar  del todo con ellos en ningún momento. A pesar de todo, merece la pena deleitarse con la perfecta fotografía de las marismas del Guadalquivir. 

 

 

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